martes, 18 de febrero de 2014

La Velocidad de la Oscuridad. Elizabeth Moon



¿Cuál es la velocidad de la oscuridad?
¿Existe realmente tal concepto?
¿Es mayor o menor que la velocidad de la luz?

   Para Lou Arrendale, el protagonista de este libro, no sólo debe existir, sino que debe ser casi inmensurable, pues, según él, cuando la luz llega a un sitio, la oscuridad ya ha llegado antes. En efecto, Lou Arrendale es un personaje fascinante. Es un adulto que presenta autismo, contratado por una empresa farmacéutica para encontrar pautas mediante análisis de datos junto a otras pesonas con autismo. Mientras tanto, mantiene buenas relaciones con su supervisor, Peter Aldrin. Sin embargo se produce un cambio en la jefatura de la compañía y el nuevo director general, pretende eliminar los privilegios de los que vienen disfrutando (gimnasio, parking, etc). Para ello, les pide a las personas con autismo que si quieren mantenerlos deberán someterse a un tratamiento para hacerlos "normales" y ahí es cuando se produce la división entre los que quieren el cambio y los que desean mantener sus peculiaridades personales.  A Lou también se le ofrece la posibilidad de probar esta nueva «cura» experimental.  Lou deberá decidir si se somete o no a ese tratamiento que podría cambiar por completo su forma de entender el mundo... y la misma esencia de su personalidad. 
Nadie que haya leído esta novela, catalogada dentro del género de ciencia ficción,  podrá ya olvidar nunca a ese complejo y entrañable personaje que es Lou Arrendale, las peripecias y los problemas por los que pasa en un mundo de un futuro sumamente cercano, casi una novela de actualidad. Pero Elizabeth Moon logra narrar esos problemas de una forma excepcional.
Reflexiva, aguda e inolvidable, "La velocidad de la oscuridad" es, en realidad, una arrebatadora exploración del peculiar mundo de Lou Arrendale
 En definitiva, esta una novela versa sobre la dignidad de un ser humano con autismo. Por eso esa insistencia en no hablar de «autistas», sino de «personas con autismo», lo que incluso puede parecer una redundancia. En cualquier caso, una redundancia que parece deseada por la autora. Tal como reconoce el mismo Lou en un momento de la novela «sé algo que no sabía antes, y el conocimiento cambia a las personas». Tal vez una de las claves se encuentre en el cuarto párrafo del capítulo 11, donde Lou reconoce que «...pensaba que las pautas abstractas de números eran más importantes que las pautas abstractas de relaciones. Los granos de arena son reales. Las estrellas son reales. Saber cómo encajaban me producía una sensación cálida, cómoda. La gente que me rodeaba era bastante difícil de comprender, imposible de comprender».
Y, si hay que decir la verdad, a muchos de  nosotros (y no sólo a los científicos e ingenieros) nos resulta a veces sumamente difícil comprender a otros humanos. 
Por eso las preocupaciones de Lou son, en definitiva, las nuestras.


Elizabeth Moon, (Texas, 1945) se licenció en Historia y Biología por la Universidad de Houston y Texas, desempeñando una amplia variedad de trabajos, se enroló tres años en el cuerpo de marines y posteriormente trabajó como profesora particular de matemáticas y ciencias. En 1983 adoptaron a Michael, un chico con autismo. 
La novela fue publicada en Ediciones B por primera vez en 2002 y ganó el Premio Nébula 2004, además de ser finalista del premio Arthur C. Clarke. 




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