Misericordia

    Aunque Benito Pérez Galdós ( Las Palmas 1842 – Madrid 1920)nació en  Las Palmas de Gran Canaria, su vida se desarrolla a partir de 1862 en Madrid, del que novelará a sus gentes y problemas.
   Es la figura más importante del Realismo Español y trató de abarcar con detalle y profundidad los ambientes y conflictos del Madrid de la época. Lo hace con un estilo espontáneo, pero a la vez didáctico y expresivo. Seguidor de Balzac y Dickens, sus obras se centran en la burguesía, en la clase media, pero esto no es óbice para que por sus páginas pululen todo tipo de personajes propios de la sociedad madrileña de entonces como mendigos, políticos, funcionarios … Para crear sus novelas se documenta intensamente y las rodea de un fondo histórico y político que les transmiten una gran verosimilitud, apoyado especialmente por una  objetividad y un narrador omnisciente muchas veces irónico.
  Entre sus obras destacan la imponente colección de los Episodios Nacionales sobre la historia de España en el s. XIX y novelas como Fortunata y Jacinta. Miau, Doña Perfecta, Misericordia y Marianela.
  Además de novelista fue también periodista, autor teatral y político militante. 

            Misericordia, (Ediciones Cátedra) es la gran obra del Galdós espiritualista en la que dibuja tanto a la clase media, representada por la familia de doña Paquita, como al subproletariado urbano que vive de la mendicidad. A la primera se la presenta llena de hipocresía y deudas frente a la caridad del personaje de Benina. Esta es el centro de la obra. Es una criada que pide limosna en la calle junto a otros mendigos para que ella y su señora, doña Paquita, puedan comer. Su idea de la caridad llega al extremo de auxiliar a mucha gente como a don Frasquito y al ciego Almudena y a soportar todas las penalidades que le caen encima. Pero de pronto llega una herencia a casa de doña Paca. Benina está con Almudena en reclusión por pedir limosna, recupera la libertad y vuelve a casa de su ama. Pero ahora gobierna la casa Juliana, nuera de la señora, que ya no la admite. Incluso ante esta situación, Benina es capaz de perdonar a su señora y se dedica a lo que ha hecho siempre, cuidar a los demás.

  Benito Pérez Galdós es un buen ejemplo de la imagen que proyectan algunos autores de la época sobre las personas con ceguera, las cuales, para el autor, saben apreciar la belleza interior de las personas, como la figura del ciego Almudena en esta obra,  y el personaje de Pablo en su obra Marianela. Almudena se presenta ante nosotros como un personaje harapiento en su forma externa, pero con una gran nobleza y bondad en medio de tanta miseria y desidia, que junto a Benina, nos regalan bellos valores de solidaridad entre tanta hipocresía.
Para dar una visión general de la situación de las personas con ceguera en el Siglo XIX, podemos afirmar que la mendicidad sigue siendo la profesión más ejercida por el colectivo, ya que "para ejercerla no se necesita una preparación especial ni existen condiciones determinantes, pudiendo practicarse sin discriminación de razas, edades ni sexo y en cualquier momento y país. Mendigo de hacía todo aquel que no podía ser mantenido por sus familiares, que carecían de recursos económicos, y no quería perder su libertad, amparándose en un asilo o acogiéndose a la protección de una orden religiosa" (Juan Montoro. Los ciegos en la historia. Fundación ONCE 1991-1995).
A continuación podéis leer unos fragmentos seleccionados de la obra donde se recogen tanto la realidad de los más pobres y desprotegidos, como la definición de las cualidades de Almudena en boca de Benina:

   "-Pues señor, entró D. Carlos en la iglesia, como he dicho, por la puerta que llamaremos del Cementerio de San Sebastián, y las ancianas y ciegos de ambos sexos que acababan de recibir de él la limosna, se pusieron a picotear, pues mientras no entrara o saliera alguien a quien acometer, ¿qué habían de hacer aquellos infelices más que engañar su inanición y sus tristes horas, regalándose con la comidilla que nada les cuesta, y que, picante o desabrida, siempre tienen a mano para con ella saciarse? En esto son iguales a los ricos: quizás les llevan ventaja, porque cuando tocan a charlar, no se ven cohibidos por las conveniencias usuales de la conversación, que poniendo entre el pensamiento y la palabra gruesa costra etiquetera y gramatical, embotan el gusto inefable del dime y direte". (pág. 71-71)

     "-Eres el hombre más apañado que hay en el mundo. No he visto otro como tú. Ciego y pobre, te arreglas tú mismo tu ropita; enhebras una aguja con la lengua más pronto que yo con mis dedos; coses a la perfección; eres tu sastre, tu zapatero, tu lavandera... Y después de pedir en la parroquia por la mañana, y por las tardes en la calle, te sobra tiempo para ir un ratito al café... Eres de lo que no hay; y si en el mundo hubiera justicia y las cosas estuvieran dispuestas con razón, debieran darte un premio... Bueno, hijo: pues lo que es esta tarde no te dejo trabajar, porque tienes que hacerme un servicio... Para las ocasiones son los amigos." (pág. 89)

  "Pero un día de mucho calor, ¡castigo de Dios! pasó junto a un río y le entraron ganas de darse un baño. En el agua flotaban dos caballos muertos, cosa mala. Al salir del baño le dolían los ojos: a los tres días era ciego." (pág.146)

  "Como aún tenía dinero, pudo algún tiempo vivir sin implorar la caridad pública, con la tristeza inherente al no ver, y la no menos honda producida por el brusco paso de la vida activa a la sedentaria. El muchacho ágil y fuerte se hizo de la noche a la mañana hombre enclenque y achacoso, y sus ambiciones de comerciante y sus entusiasmos de viajero quedaron reducidos a un continuo meditar sobre lo inseguro de los bienes terrenos, y la infalible justicia con que Dios Nuestro Padre y Juez sienta la mano al pecador. No se atrevía el pobre ciego a pedirle que le devolviese la vista, pues esto no se lo había de conceder. Era castigo, y el Señor no se vuelve atrás cuando pega de firme. Pedíale que le diera dinero abundante para poder vivir con desahogo, y una muquier que le amara; mas nada de esto le fue concedido al pobre Mordejai, que cada día tenía menos dineros, pues estos iban saliendo, sin que entraran otros por ninguna parte, y de muquieres nada." (pág. 146)

Reflejo en la obra de otras muestras de personajes con diversidad funcional que, al igual que el ciego Almudena, encuentran en la mendicidad su única forma de sustento y de cómo era vista esta profesión por la "gente de bien":
     "No hizo caso la buena mujer, y siguió su camino; pero en la calle, o como quiera que se llame aquel espacio entre casas, se vio importunada por sinnúmero de ciegos, mancos y paralíticos, que le pedían con tenaz insistencia pan, o perras con qué comprarlo. Trató de sacudirse el molesto enjambre; pero la seguían, la acosaban, no la dejaban andar. No tuvo más remedio que gastarse en pan otra peseta y repartirlo presurosa". (pag. 245-246)

"Lo que deben hacer ustedes es dejarse de andar de vagancia por calles y caminos, donde todo es ajetreo y malos pasos, y ver de meterse o que los metan en un asilo, la señora en las ancianitas, el señor en otro recogimiento que hay para ciegos, y así tendrían asegurado el comer y el abrigo por todo el tiempo que vivieran".

-¡Quite usted allá!... ¡Pedir mi Benina... y andar por esas calles con un ciego!...(pág.268)
Escrito por Alejandro Rodríguez

   Los últimos ocho años de su vida, Benito Pérez Galdós fue perdiendo la vista paulatinamente desde su primera operación de cataratas, hasta quedarse totalmente ciego. Esto influyó, según los estudiosos del autor, en el resultado de sus últimas novelas. Si lo deseáis podéis escuchar el audio  "La ceguera" de Pedro Ortiz-Armengol relatando este pasaje vital del autor desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes . También desde esta institución, se dispone del texto completo de esta obra para su lectura o uso en el aula, seleccionando los fragmentos reseñados.
Para los que queráis profundizar sobre el autor y su obra:
Benito Pérez Galdós en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
Imprescindible visitar la página de Fundación ONCE para conocer los servicios, programas y recursos que disponen para la atención de las personas con diversidad funcional

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