miércoles, 22 de agosto de 2012

Quieto

"Quieto" de Màrius Serra
Màrius Serra (Barcelona 1963), escritor y ensayista,  narra en su libro "Quieto" los siete primeros años que vivió junto a su hijo Lluis Serra Pablo. "Llullu", como se le denomina familiarmente, es un niño que presenta una encelopatía grave y un 15% de rendimiento. La importancia que este libro tiene en el entorno académico, no solo es lo que su padre cuenta, sino cómo lo cuenta. A través de una serie de anécdotas, fruto de su experiencia personal, nos va regalando una explosión de sentimientos que no deja indiferente a nadie, el autor nos pasea entre "el dolor, el regocijo y cierto embeleso" pero sin duda, aderezado por grandes dosis de humor y huyendo del sentimentalismo o el victimismo al que muchas otras obras nos tenían acostumbrados. Nos cuenta situaciones cotidianas, a veces surrealistas, a las que tiene que enfrentarse a causa de las barreras de todo tipo que hacen que el lector sienta con él una gran indignación o enfado, y que el propio autor, con sus palabras, acaba resolviendo. El choque de emociones de este relato se constituye al fin como un mensaje de esperanza, de amor a la vida. De sus palabras, me quedo con una frase que resume lo dicho "Si Dorian Gray hubiese conocido a un llullu nunca se habría conformado con la invariabilidad de los presuntos inmortales. Habría aprendido a mirar en vez de querer ser mirado. A envejecer. Muy probablemente no habría querido ser retratado, sino retrato"
Puedes leer la reseña del libro narrada por Serra en la introducción del mismo:


"Quieto cubre siete años en la vida de nuestro hijo Lluís Serra Pablo, alias Llullu, que nació con una grave encefalopatía que la ciencia neurológica aún no ha sido capaz de definir, escribe el autor. Siete años después de su nacimiento, la terminología médica no pasa de encefalopatía no filiada, el lenguaje popular se las apaña con la fórmula, bastante clara, de parálisis cerebral y el lenguaje administrativo le evalúa como discapacitado con grado de disminución del 85%. En casa, todas estas etiquetas cuentan poco.

Lluís es nuestro segundo hijo. Tiene unas necesidades peculiares, pero eso sólo significa que estamos más pendientes de su fragilidad. Nuestro objetivo es que ni su hermana ni nosotros dejemos de hacer nunca nada de lo que haríamos si no tuviera que ir por el mundo al 15% de rendimiento. No siempre es posible, pero la mayoría de veces se trata sólo de hacerlo de otro modo. En Quieto he buscado una forma narrativa de explicar el ambivalente estado emocional que provoca tener un hijo que no progresa adecuadamente. Un estado a menudo expuesto al aguijón del dolor, pero en el que predomina el regocijo y un cierto embeleso. Me ha parecido que la mejor manera de hacerlo era rescatar escenas concretas fijadas en la memoria y ponerlas en movimiento. Recuerdos refulgentes.

Con las piezas de esta bitácora del dique seco he pretendido componer un espejo. Dorian Gray vendió su alma al diablo para poder ser, más que inmortal, invariable, mientras los estragos del tiempo iban modificando el aspecto del retrato invisible que había escondido en el sótano. Aquí se invierte el proceso. Nuestro hijo ni es invisible ni tampoco el retrato de nadie, aunque se parezca a sus padres y a su hermana. Él y los que son como él actúan de espejos. Todos los que nos miramos en ellos un poco a fondo envejecemos de un modo distinto. Si Dorian Gray hubiese conocido a un llullu nunca se habría conformado con la invariabilidad de los presuntos inmortales. Habría aprendido a mirar en vez de querer ser mirado. A envejecer. Muy probablemente no habría querido ser retratado, sino retrato"

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-Entrevista a Márius Serra  para hablar sobre el proyecto de Quieto, muy recomendable



Màrius Serra, filólogo, escritor y verbívoro, nos presenta la web del "Muévete por los Quietos" (http://www.moutepelsquiets.com).





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